En un mundo en el que no nos detenemos a pensar casi nunca, me parece que puede ser una buena idea escribir un post. Escribir te obliga a detenerte y a poner tus ideas en claro. Muchas veces no se trata de plasmar lo que piensas, ya que como casi nunca pensamos, en realidad reflejamos opiniones de otros que hemos oído o leído en alguna parte. Se trata más bien de beber de cuantas más fuentes mejor y procesarlo con tus capacidades intelectuales para construir tu mundo interior. En conocer el exterior y sopesarlo todo con tu interior consiste la honestidad intelectual. Esa honestidad debe necesariamente fluir de unos conocimientos profundos y de estar informado sobre el asunto del que se habla. No pretendo decir que yo sea honesto intelectualmente. No es eso. Creo que es algo a lo que aspirar. En este mundo moderno tan superficial en el que todo transcurre tan rápido, considero que ese tipo de valores se han olvidado, Repetimos como loros verdades forjadas no se sabe donde y las aceptamos tranquilamente sin tomarnos ningún trabajo en validarlas. No sólo eso. Es que ni tan siquiera nos tomamos un momento para pensar en el tema en cuestión. 

Al menos, eso es lo que yo percibo en mi propia vida y observo, en general, en los demás. Aunque puedo estar equivocado, naturalmente. Pero para continuar mi desarrollo, consideremos lo que digo como cierto.

Si añadimos el descuido actual del sistema educativo hacia ramas tradicionales como la retórica y la oratoria; ramas que eran el pilar de la educación clásica y que ahora prácticamente han caído en el olvido -lo cual me pregunto si no será a propósito, – es un caldo de cultivo ideal para que sucumbamos todos a la manipulación de los medios. Cabe destacar que esos saberes sí que se imparten y se cuidan con mimo en las escuelas de la élite. Y por supuesto el resultado lo podemos ver en su uso en los discursos políticos. Un buen conocedor de la retórica y de la oratoria puede hacer pasar lo falso por verdadero y viceversa. Al privarnos de ello nos quitan las herramientas para descubrir la corrección del argumento y si el resultado es una falacia o es verdad.

No extrañará a nadie, después de lo dicho, que el sistema político esté completamente sometido a la perversión por la manipulación. La política actual en gran parte de los países del mundo se basa en la mentira. Estamos tan acostumbrados a ello que a nadie le extraña que se incumplan las promesas electorales. Además de eso, gran parte del electorado considera a un partido como “de los suyos” y votan incondicionalmente a su partido. La oposición se convierte en el enemigo que hay que abatir. ¿No es esto prueba bastante de mi primera afirmación?

Ahora vienen las elecciones y todos están haciendo su particular teatro, como diciendo: “esta vez no os mentimos”.  Y los recien llegados dicen: “votadnos a nosotros que esos están corruptos”. Al ser la moneda de cambio político la mentira… ¿a quién creemos? Entre tanto, se pone el dinero público en manos de intereses privados como si la misión del gobierno fuera exprimir al pueblo y vender las ganancias al mejor postor. Se habla de deuda y se dice que hemos vivido por encima de nuestras posibilidades. Se nos acusa al pueblo de eso y de cosas peores. Pero ¿quién recoge los cuartos y quién los gasta? ¿Quién ha construido aeropuertos sin vuelos y autopistas sin coches? ¿Quién ha llenado España de rotondas inmensas con supuestas obras de arte? ¿Las familias? Me temo que no. Es todo una gigantesca burla. Pero aquí nadie dimite y pocos ven la cárcel. Suben la luz para luego irse de asesores a las eléctricas y cobrar un pastón a cuenta de contactos y conocimientos privilegiados. ¿Creéis que les importamos? ¿Que sirven a los intereses de los ciudadanos? 

Que cada cual se responda a si mismo.

De lo dicho se sigue que, si votas a los tuyos o votas por enfado… estás manipulado.

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