Querido lector, en estas tres últimas semanas estoy atravesando por una experiencia móvil distinta de lo normal. Si piensas que los llamados servicios de Google son una app sistémica cada vez más engordada que no sin afectar a la batería, se propasa cada vez más en sus exigencias de permisos, sigue leyendo. Si no has caído en este detalle o no te preocupas por esas cosas, quizá no te interese demasiado lo que voy a relatar.

Si has seguido mi trayectoria podcasteril de Reality Cracking, sabrás que he meditado mucho sobre abandonar cualquier servicio de Google, sin hasta la fecha haber sido capaz de llevarlo a cabo. Sobre todo me mantiene atado a Google su buscador, que aunque uso DuckDuckGo me veo obligado a volver a él de cuando en cuando, y Gmail. Hasta la existencia de Gmail, la oferta de correo gratis era ridícula y la de tu proveedor de Internet también lo era. Además, las posibilidades que te da Gmail de gestión de tareas y de organización y búsqueda rápida de correo son únicas. Mis razones para dejar Google las he expresado en múltiples ocasiones. Google es un gigante opresor que nos usa de cebo para llevarselo crudo. Creo que el precio que pagamos por usar sus servicios es demasiado alto incluso para lo buenos que son. Si estás en contra de la publicidad en Internet, no puedes comulgar con quien tiene en su poder el 99,9% de dicha publicidad.

En el terreno móvil el gigante es omipresente sea cual sea tu dispositivo. Con las últimas actualizaciones de la aplicación Google, que enmascara la API de Google, se pide lo que no esta  escrito en permisos. Y pasas de tener un proceso o dos y un servicio, dentro de la app, a tener 4 o 5 procesos y un número similar de servicios. Muchas de las apps del gigante dependen de esos servicios y no funcionan sin ellos, cosa que antes no pasaba. Y no es que quieran unir su API bajo una única bandera, no. Lo que quieren es que todo el software use su API para poder colgar sus escuchas en ella. Y yo digo que mi ancho de banda sea de WIFI o de datos móviles lo pago yo y pasa por él los datos que yo quiera y no los que me impongan. Aunque no te importen los permisos, el soportar procesos y servicios extra incurre en un consumo de batería mayor. 

Mi hartazgo ha llegado a su límite. No estoy dispuesto a seguir haciendole el juego a Google.

Hace cosa de un mes, en mi Android, estuve jugando con Ubuntu Touch, el nuevo sistema operativo móvil de Canonical. Al instalarlo en mi terminal no iba nada bien y volví a mi vieja ROM Omni, que es AOSP (Android Open Source Project) y como tal no lleva las Google Apps. Olvidé flashear la parte de las Gapps y cuando inicié el sistema vi que no había Google Play ni ninguna de las apps que te tienes que comer por huevos. Volví a la recovery casi por automatismo e instalé las Gapps. El caso es que tiempo después estuve meditanto sobre nuestro sometimiento a Google y se me ocurrrió que podría intentar pasar unos días sin las Google Apps, con lo que ello supone. Es decir, sin posibilidad de descargar apps del market de Google y sin poder usar las apps acostumbradas: Google+, Mail, Maps, etc. ya que no funcionan sin Gapps.

Lo primero que hice fue instalar F-Droid desde su web, para ello tuve que cambiar los ajustes y aceptar orígenes desconocidos. Ya la había usado antes, pero me llevé algunas gratas sorpresas. La primera fue Facebook Lite. Todo el mundo sabe lo aparatosa y mala que es la app de Facebook. Hace ir más lento el terminal nada más instalarla. Facebook Lite es una pequeña app que funciona como una web app que te da acceso a un Facebook móvil donde puedes acceder a los mensajes sin tener que instalar su apestoso Messenger, que por cierto, no es más que un servidor XMPP que seguro que ni han escrito ellos. XMPP es un protocolo abierto. El mismo que usa Google Hangouts o Jabber.

La segunda sorpresa fue Gapps Browser. Es una especie de navegador para aplicaciones de Google que permite acceder a todas ellas aportando una experiencia similar a sus propias apps. Todo ello en una app libre que no come ni una ínfima parte de la batería que parasitan las Gapps.

En F-Droid se encuentra una gran variedad de apps que te pueden resolver la vida perfectamente. Pero no hay tanto como en el market de Google. Por ejemplo, una app que me da la vida es el teclado SwiftKey. Este tuve que bajarmelo de Aptoide. Uno puede fiarse de F-Droid, pero Aptoide es harina de otro costal. Miré en la web la última versión y miré si el tamaño coinciddía. Esta vez tuve suerte, se trataba de la app original. Mucho cuidado. WhatsApp no me gusta, pero lo usa mi familia y por eso lo necesito. En este caso la propia web de WhatsApp te ofrece la descarga sin ningún problema. Para el resto de mis necesidades ha bastado, por el momento, con F-Droid. El terminal va mejor que cuando me lo compré, va a hacer ya tres años, y no tengo que tragar apps que no necesito ni quiero.

He de admitir que el mercado de aplicaciones de Google, aunque me parece un repugnante cerco de control por parte de la empresa, da una comodidad que no tengo con mi modelo. Si eres de los que están constantemente instalando apps, te puedes buscar la vida con otros markets, pero no es tan cómodo. Una modesta búsqueda te descubrirá que hay varios mercados disponibles para Android. En otro artículo quizá hable de ellos. Pero si tu terminal requiere unas pocas apps y prefieres libertad y un terminal que vaya bien, puedes intentarlo. Si usas GNU/Linux, también puede convenirte. F-Droid contiene muchas apps reflejo de las de escritorio, como GnuCash, varias para controlar remotamente Transmission, XBMC, etc.

En definitiva, aunque no sé cuanto duraré en este estilo un tanto radical, me parece un intento interesante y por eso lo comparto. Evidentemente, por el momento esta en lo que los estadounidenses llaman state of the art. Con el tiempo quizá descubra cómo mejorarlo o incluso aparezcan otras alternativas. Como mínimo, tener la oportunidad de pensar  de verdad y no persistir en la corriente que nos arrastra, es una buena cosa. ¿Te atreves?

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