Microsoft quiere a toda costa que los usuarios de Windows, sin importar la versión, se actualicen a Windows 10. Ya intentó una jugada similar cuando declaró que iba a retirar el soporte a Windows XP. Ahora adelanta que en pocos años retirará también el soporte para Windows 7. Por si esto fuera poco, se dispone a retirar la aplicación Skype para tablets de Windows 8.1, alegando que prefiere dedicar más recursos a acabar Windows 10 y a integrar esa aplicación en ese sistema.

¿No le extraña a nadie esta inquietud por parte de Microsoft para empujar a sus usuarios a su nuevo sistema? Pues se ve que no, porque muchos están dispuestos a volver al redil pensando que Microsoft se ha redimido de sus pecados.

Microsoft no deja nada al azar. Tiene un profundo y por demás egoísta interés en convencer a la gente de que se mude a Windows 10.

El objetivo de Microsoft no es facilitarle la vida a la gente, como algunos parecen pensar. Al principio puede que parezca precisamente eso, pero lo que quiere es facilitarle la vida a esos que pretenden sacarnos el dinero sin importar el precio, y de paso forrarse aún más. La parte de forrarse ha estado siempre ahí, pero forrarse a costa de quitar libertad e intimidad del usuario, eso es nuevo en Microsoft hasta cierto punto.

Hay una poderosa industria de contenidos que está deseosa de convertir nuestros ordenadores en una televisión y Microsoft les está haciendo el juego mientras finge que se preocupa por sus usuarios.

¿Por qué digo que quieren convertir el ordenador en una televisión? ¿Piensas que exagero? El ordenador se inventó como una máquina universal. Es decir, la máquina capaz de desempeñar cualquier función. Una de esas funciones es la de copiar bytes. Pues bien, esa industria, o acaso deberíamos decir grupo de presión, de contenidos pretende que el ordenador no nos haga caso a nosotros, sino a ellos. Microsoft ya ha dado soporte a esas aspiraciones en el pasado a través de su sistema de DRM PlayReady. Ahora da pasos hacia un modelo cada vez más cerrado en el que disponemos de una tienda de aplicaciones controlada por la compañía. Además, ha olido los ingresos que reciben otras compañías por los datos de sus usuarios y pretende subirse a ese carro.

En esas condiciones, el paradigma de sistema operativo que ofrece Microsoft ya nada tiene que ver con lo que teníamos con Windows Xp o Windows 7. Debe entenderse como una importante pérdida de derechos por parte del usuario. Microsoft pretende que tu ordenador se parezca cada vez más a una tablet. De hecho ha unificado interfaz y kernel: un mismo sistema operativo para todos los dispositivos ha sido el lema de Microsoft. Desde mi punto de vista es totalmente absurdo pretender eso en dispositivos que son completamente distintos. Dar un poco más de libertad en las tablets y reducir esa misma libertad en el escritorio es lo que están planeando. No cabe duda que en el futuro restringirán cada vez más el uso que se le puede dar a un ordenador con Windows. Y la gente incluso crea podcasts para alabar las maravillas del nuevo Windows y sus tablets.

Para reforzar mi punto de vista, recordemos que en el pasado, los de Redmond han hecho jugadas muy negativas para los usuarios.

Microsoft tiene acuerdos con los fabricantes de hardware y ha creado un estándar cerrado de BIOS que no permitirá instalar otro sistema operativo en tu ordenador. Es decir, que si te compras un portátil con esa nueva BIOS llamada UEFI, no podrás instalar ningún sistema operativo que no haya sido firmado por la compañía. Para conseguir eso, el fabricante genera una clave que no te va a ser facilitada. Es decir, poco menos que el ordenador ya no es tuyo aunque lo hayas pagado tú. Por el momento uno puede deshabilitar la UEFI y volver a la BIOS de siempre, pero eso podría cambiar en un futuro cercano. No nos fiemos pues, según la ley de Murphy, si algo malo puede pasar, pasará.

Además, Microsoft ideó algo llamado Programación Confiable. En un principio se iba a llamar Palladium. Ahora se llama NGSCB (Next-Generation Secure Computing Base). En claro, esta tecnología de protección por hardware podría impedirte instalar ciertos programas o usar ciertos servicios, ¡¡¡en tu propio ordenador!!! Bruce Schneier, un conocido experto en criptografía, dijo sobre esta tecnología: «Hay grandes cosas en Palladium, y muchas de ellas que me gustan. También hay muchísimo que no me gusta y que me da miedo. Temo que Palladium nos llevará por un camino en el cual nuestras computadoras ya no serán nuestras computadoras, sino que pertenecerán a una variedad de facciones y compañías, todas ellas buscando quedarse con una parte de nuestro dinero. Como agente que puede facilitar esa realidad, Palladium es malo para la sociedad. No me importan las compañías que me venden, alquilan o licencian cosas, pero la pérdida de poder, alcance y flexibilidad del ordenador es un precio demasiado grande a pagar».

Una empresa que invierte tanto tiempo y dinero en estas cosas tan negativas, y que tiene tal poder desmesurado sobre el mercado y los fabricantes de hardware que es difícil encontrar un ordenador sin Windows, ¿es razón suficiente como para no fiarse?

Yo no me fio.

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