De cuando en cuando, el nombre de Stallman aparece en podcast y vídeos. Y cuando lo hace, en bastantes casos, el mensaje que se transmite es que Stallman es una especie de loco al que nadie hace caso. Esto ocurre incluso en medios que hablan de GNU/Linux; un proyecto que no existiría si él no hubiera decidido resistir la corriente que quería hacer todo el software privativo.  Aun así, para muchos Stallman es una especie de sabio loco que usa un pequeño portátil chino y que absurdamente se niega a utilizar las cosas que para los demás son las más corrientes y prácticas. Ha llegado el momento de hacernos la siguiente pregunta, ¿está Stallman loco?

Otra de las razones por las que me hago esta pregunta es porque he visto decenas de conferencias de este hombre y cuando habla en casi todos los casos la gente se ríe. El problema es que en ese momento él no estaba tratando de hacer un chiste.

Richard Mathew Stallman es un hombre de sólidos principios. Lleva casi 40 años luchando por la libertad en un entorno en el que nadie parece reconocer que debe existir libertad. No solo lucha por su libertad, sino también por la de los demás. Si sólo fuera por su propia libertad, no necesitaría esforzarse mucho. Le bastaría con limitarse a sus propios asuntos. Sin embargo, cuando lanzó el proyecto GNU no lo escondió debajo de una piedra, sino que lo ofreció libremente. El primer sistema operativo que respetaba la libertad del usuario desde que empezara el movimiento por la privatización del software en los años 70. También convenció a los responsables del UNIX de la Universidad de Berkeley de que se separaran del UNIX de AT&T y que hicieran su versión software libre. Gracias a eso tenemos otra alternativa: FreeBSD. Y me quedo corto, porque en esos cerca de 40 años ha hecho muchas cosas buenas. Mucha gente le reconoce como creador del editor extensible Emacs, pero pocos saben que escribió la primera versión del compilador gcc. Esto, por poner algunos ejemplos.

Si hubiera decidido sumarse al tren del software privativo, quizá sería otro Bill Gates. Sin duda sería rico. Pero no hizo eso. Renunció a ello por sus ideas. Cuándo habla de que para mantener la libertad hay que hacer sacrificios, no todos los presentes reconocen su propio sacrificio. Pero la libertad es muy importante y merece cualquier sacrificio. Sin embargo, cuando dice que no tiene smartphone, la gente se ríe. Quizá sepan que el smartphone, como no se cansa de repetir, es un dispositivo de vigilancia. Incluso conozcan el hecho de que puede grabar y retransmitir las conversaciones de una habitación. Que puede estar tomando fotografías o grabando vídeo sin que haya manera de saberlo. Todo esto lo sabemos, pero no lo consideramos una amenaza real y, pese a todo, no estamos dispuestos a prescindir del móvil a pesar de todo, por una comodidad a corto plazo.

Todos queremos ver series y escuchar mp3. No nos importa que para ello tengamos que usar software privativo. No exigimos que todo eso esté en formatos libres. Nos da igual. Ello conlleva ceder nuestra libertad. Admitamoslo y vivamos con ello. Reírse de Stallman o pensar que es un loco, o un fanático; sólo es una forma de tratar de evadirse a las verdades que cuenta. En nuestro interior pensamos, “lo que está diciendo este hombre es una locura. La sociedad no puede estar equivocada. Es totalmente ridículo”. Y así tomamos la decisión de ignorar la verdad para poder seguir. Vale, pero en el fondo sabemos que nos estamos engañando a nosotros mismos. Y eso es infantil.

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