En medio del ruido mediático y la polarización constante que domina el debate público, el reciente movimiento de Trump sobre Venezuela se está analizando desde dos ópticas que operan como reduccionismos peligrosos. Vamos a analizarlo desde una óptica lo más aséptica posible.
Por un lado, ciertos sectores de la izquierda lo denuncian como una injerencia intolerable en la soberanía venezolana, tendiendo a minimizar —o directamente obviar— que el régimen de Maduro ha derivado en una dictadura igualmente intolerable. Por otro lado, desde sectores de la derecha se presenta a Trump casi como un salvador providencial que acude desinteresadamente a devolver la libertad a Venezuela. Esta visión ignora una constante histórica: las grandes potencias no actúan por filantropía, y sus intervenciones suelen acarrear costes profundos para la soberanía real de los países que 'rescatan'.
Quienes critican a Trump alegando que vulnera el derecho internacional olvidan, quizás, que este marco legal suele ser la expresión de la voluntad del más fuerte; un conjunto de acuerdos que se respetan solo mientras las partes interesadas no encuentran una alternativa más rentable.
¿Es Trump un liberador preocupado por el destino de los venezolanos o un actor pragmático con la mirada puesta en los recursos energéticos? Me inclino hacia lo segundo. Lo paradójico es que, al sostener esta postura, el sistema de etiquetas actual tiende a encasillarme en la izquierda. Sin embargo, aunque nunca me he sentido cómodo en las filas del conservadurismo tradicional, tampoco me identifico con la izquierda actual. En este sentido, me siento cercano a la reflexión de Ortega y Gasset: 'Ser de la izquierda es, como ser de la derecha, una de las infinitas maneras que el hombre puede elegir para ser un imbécil: ambas son formas de la hemiplejía moral'.
La realidad es que el poder intenta justificarse con tintes morales que suelen ser casi siempre secundarios. 'Un líder debe usar la moralidad como una herramienta, no como un fin' — dice Maquiavelo en El príncipe. En este caso se ha esgrimido por una parte la cruzada contra el narcotráfico y por otra la liberación de Venezuela de un dictador. Esos han sido los casus belli que le han permitido a Trump hacer uso del poder aún indisputado de EEUU en el mundo para conseguir el petróleo venezolano.
Entiéndase. Este es un análisis frío. El lector debería abstenerse de captar el más mínimo tinte político, porque servidor no se identifica desde hace mucho con ningún partido y considera votar una pérdida de tiempo mientras no haya libertad política real.
Debemos entender que ver esta intervención como una gesta heroica o una cruzada moral es ignorar los mecanismos más básicos de la realpolitik. Lamento si este análisis resulta crudo, pero es necesario superar los sesgos que nos impiden ver el tablero completo. Ante una clase política que prioriza sus intereses sobre la verdad, el mayor error que podemos cometer es seguir siendo 'buenos vasallos' de un bando u otro. La lucidez requiere, ante todo, dejar de ser cómplices de las simplificaciones que nos intentan imponer.