El personaje de Ed Harris en Westworld decía, muy acertadamente, que los humanos vivimos en eternos bucles que tememos abandonar. No es que no seamos libres porque alguien nos oprima, sino que nosotros mismos forjamos nuestros barrotes y nuestras cadenas. Esto me lleva a recordar lo que sentía de pequeño. Era muy aficionado a leer historias de superhéroes y en ellas al héroe siempre le ocurría algo al principio que le hacía romper sus vínculos familiares.

En cierta forma era como si nadie pudiera ser libre para convertirse en héroe si no hubiese primero tenido una experiencia traumática en la que hubiese perdido a su familia o amigos. Y es cierto que los vínculos personales atan. Pero creo que es un error asociar la libertad a la ausencia de vínculos. ¿Qué es entonces la libertad? ¿Decidir conscientemente permanecer en el bucle es libertad? Supongo que eso depende del grado real de consciencia que se tenga. Esta es una reflexión que merece su espacio. Personalmente, aunque percibo con claridad que los vínculos personales sean fuente de irrupciones y de pequeñas esclavitudes en las vidas de todos, la soledad última tampoco es liberadora. A veces esos vínculos conducen a oportunidades de experimentar la verdadera libertad. Porque uno puede andar solitario por esos mundos decidiendo a cada paso qué camino tomar y qué esquina torcer sin nada que lo ate y no saber muy bien qué hacer con esa libertad. La vida misma nos ata a nacer, crecer y morir. A los anhelos, a la esclavitud de las emociones y a reaccionar a cuanto nos acontece, sin saber nunca si la reacción fue decisión nuestra. ¿Acaso somos sólo autómatas programados?

En cierta forma es así, y en cambio hay algo dentro de nosotros que nos impulsa a buscar la libertad y a contemplar cualquier menoscabo de la misma como una tremenda injusticia. ¿Es acaso esa chispa fruto de una mera imposición evolutiva únicamente orientada a la perpetuación de la especie? ¿Quizá eso es sólo un mecanismo que nos predispone a buscar compañera con la que reproducirnos. Quizá las cadenas sean lo único real y trascendente de toda nuestra vida, mientras que toda búsqueda de la libertad quede relegada a mera historia romantizada, como las muchas que nos hemos estado contando a nosotros mismos desde el amanecer de los tiempos.