El derecho internacional en materia de inmigración establece una serie de derechos y normas que quizá tengan su razón de ser: cosas como el asilo. Entiendo que hay razones por las que tales normas deban existir. De lo que no estoy tan seguro es de que un país tenga la obligación de hacerse cargo de las injusticias que tienen su origen en otros países.

Siempre se dice que las personas tienen derecho a buscarse una mejor vida en otra parte. Que eso les da derecho a emigrar. En principio no me opongo a ello. Pero cuando tienes unos recursos finitos y tus propios problemas, simplemente no puedes hacerte cargo de equilibrar o corregir todos los males del mundo. Hay un dicho que viene muy bien para explicar lo que quiero decir: que cada palo aguante su vela.

Si hay personas en Marruecos que tienen problemas con la persecución religiosa, que se unan y luchen por cambiarlo en su país. Si hay persecución de homosexuales o que se enfrenten a penas de cárcel por el hecho de ser homosexuales, que se unan y luchen por cambiar eso. También tuvimos leyes similares en otra época. No puede ser que España u otro país, por el hecho de tener unas condiciones «un poquito mejores», tengamos que hacernos cargo de velar por aquellos que están peor. No se puede convertir la caridad en obligación.

Si debe haber inmigración por una necesidad real del país, cosa que no termino de entender dado que no hemos logrado el pleno empleo y nuestros sistemas dan muestras de no ser suficientes para los locales, debería hacerse en un orden. No puede ser que entren setenta u ochenta mil personas de golpe o que se perpetúe la llegada de oleadas de gente que al final llegan a todas partes y es normal que la población local empiece a estar cansada. No puede ser que nosotros enderecemos todos los caminos que otros países tuercen. Que cada palo aguante su vela.

El hartazgo de la población respecto al panorama migratorio es más que evidente, pero el gobierno se empeña en tirar balones fuera aduciendo que estas narrativas son cosa de la ultraderecha fascista. No quieren reconocer que la situación es insostenible y que empieza a ser intolerable para los ciudadanos que se enfrentan a tener que competir en la farmacia, en el centro de salud, en el hospital, en los colegios, en las guarderías y en las ayudas con los inmigrantes. No quieren entender que el sistema sanitario ya estaba colapsado y que no puede mejorar aumentando la presión con inmigración forzada. Su respuesta es tratar de tachar las quejas, no como legítimas de ciudadanos hartos de sus desmanes, de que perpetúen el reparto de las oleadas que llegan cada día, sino como propias de gente racista afectada por los bulos y la desinformación de la ultraderecha.

Mientras ocurre esto, hay empresas con afán de lucro y ONGs que reciben fondos públicos en nombre de la gestión de la crisis migratoria, a veces llamada crisis humanitaria. En realidad es un eufemismo de desvío de fondos a los amiguetes. Y esto crea un incentivo que perpetúa el tráfico de personas. Es decir, estamos pagando de nuestros impuestos para que esta gente vaya a por ellos al mar y para que después los repartan por toda España, con el consiguiente aumento de la presión de nuestro sistema ya maltrecho. Además reciben fondos de Europa.

Luego tenemos a España y a Europa pagando por otro lado ingentes cantidades de dinero a Marruecos, en claro para que hagan su parte y contengan la masiva llegada de inmigrantes. La cosa es que ese soborno no parece funcionar bien. No solo es que se les escape demasiada gente…​ sino que a veces Marruecos termina usando la presión migratoria como herramienta de presión política para reclamar Ceuta, Melilla y Canarias. Ya les entregamos el Sáhara Occidental. Lo siguiente será Ceuta. Melilla y las Chafarinas.

Marruecos lleva años diciendo abiertamente mentiras, como que Ceuta, Melilla y Canarias son colonias. Nada más falso y más fácil de probar. A lo único que podrían agarrarse es a que sean territorios que están en el continente africano. Y sí, Ceuta, Melilla y Canarias están en África, como tantos otros territorios que tampoco por esa razón pertenecen a Marruecos. Es decir, la pertenencia no se establece en el derecho internacional por cercanía geográfica. Ceuta es una herencia de la Corona Española que recibió de Portugal con la unificación de 1580. Posteriormente, cuando llegó la independencia de Portugal, la ciudad decidió libremente mantener la lealtad al rey de España, lo que quedó finalmente establecido en el Tratado de Lisboa de 1668. Melilla, por su parte, fue conquistada en 1497 en nombre de los Reyes Católicos al Sultanato de Fez. En ese momento estaba abandonada y fue desde entonces una plaza fuerte española. No hubo por ningún lado repartos de territorio por acuerdos o protectorados que puedan considerarse coloniales. Cabe aclararse que, aunque Marruecos fuera un heredero directo del Sultanato de Fez, eso no le permite arrogarse ningún derecho a reclamar Melilla. La historia está llena de territorios que han cambiado de manos por conquista y que no han sido «devueltos». El derecho internacional no avala las reclamaciones de Marruecos.

La mayor prueba de que Ceuta y Melilla no son colonias es que fueron excluidas de la lista que elaboró la ONU en 1960 sobre territorios coloniales.

En mi opinión, deberíamos dejar de pagarle a Marruecos por un trabajo que no solo no parece estar realizando, sino que no tiene interés por realizar. Creo que España tiene herramientas más que de sobra para llamar al orden a Marruecos y mantener la corrección en los asuntos en los que requerimos de su colaboración. Mismamente cerrando el comercio y todo tráfico desde y hacia Marruecos durante unos días, entrarían en razón enseguida.

Es intolerable que haya gente ganando dinero con la llamada «crisis humanitaria». Y que ese dinero salga de nuestros bolsillos. Que nuestras infraestructuras se caigan a pedazos por falta de mantenimiento cuando el dinero sobra para solucionar los problemas de los extraños. Está claro que mientras no se ponga fin a esas ayudas a la Cruz Roja y a otras empresas, seguirá habiendo incentivos para mantener la invasión migratoria.

En términos simples, que España sea la solución a los problemas de otros países es como si yo me fuera a vivir a la casa del vecino porque es más bonita, tiene aire acondicionado y, que como gana más que yo, tiene mejores alimentos.

Si por decir esto soy racista: seré racista. Lo siento mucho. Ya no da de sí mi paciencia para aguantar medias tintas. Lo que convendría analizar es si el gobierno puede desoír todas las voces críticas con la justificación del fascismo. En todo caso eso lleva a complicar el diálogo y cuando las palabras cesan hablan las armas. Me parece sumamente peligroso el uso que hacen de las etiquetas. En todo caso, lo que no es es sano para la «democracia», esa con la que se llenan la boca y que no existe en España.