Si eres de derechas y no siempre lo has sido puede que no seas realmente de derechas, sino que hace demasiado que mande la izquierda. No es deslealtad, es aburrimiento y gusto por lo nuevo, aunque en realidad diste mucho de serlo. Si transcurren suficientes años con la derecha al mando, te garantizo que al final tendrás el mismo hartazgo, de que mande la derecha, que te asalta ahora porque mande la izquierda.

Algunos aprendemos que en realidad no importa quien mande, porque la agenda es la misma siempre, salvo pequeñas variaciones destinadas a halagar la veleidad de los votantes ilusos. No te preocupes. No es que te quiera insultar. Yo mismo he sido un votante iluso y aún puedo serlo. El proceloso mundo de la política halla su acomodo en el engaño. Todo político vive de engañar a sus semejantes. Por lo tanto eso que se dice comúnmente: "habrá algún político honesto" es más bien un oxímoron. Nunca puede haber tal cuando, incluso aunque te creas que haces lo que haces por el bien común, asumes que para lograrlo conviene mantener engañado al populacho. Ya lo admitía Platón en su «Politeia» hace veinticuatro siglos.

Aceptando que la política es la liza donde los toreados somos la gente llana y que raramente tenemos algo que ganar por participar de ella, salvo quizá un buen pullazo, y eso solo si escapamos al estoque…​ ¿Para qué molestarnos en tomar partido? Más si cabe cuando nunca participamos como iguales. Pues al no tener libertad política, no nos dan más vela en ese entierro que el voto.

Lo sensato sería no entrar en el juego. Y por explotar un poco más el símil taurino: a ver si por creer que puedes dar una mala cornada, al final vas a ser tú al que arrastren las mulillas.

Con esto no pretendo decirte lo que tienes que hacer. Solo una cosa te pido. Si te enfada que tu vecino vote a «la PSOE», dale una vuelta a tus razones. Si esto fuese una democracia y el voto realmente sirviera de algo, aún podría entenderse que nos afanásemos por estar bien informados y por el voto útil. Pero si comprendes que en realidad la política es teatro y que los que mandan realmente no son los actores que salen, que la agenda no cambia aunque cambien las banderas del comedor a Gryffindor…​ ¿qué sentido tiene? ¿Y si Indra no ha contado bien? Entonces…​ al pedo con lo que vote cada cual.