Hace poco Cory Doctorow publicó este tweet:
"Este es mi último hilo en Twitter. Sígueme en Mastodón @pluralistic.mamot.fr y en BlueSky @doctorow.pluralistic.net"
Más abajo, en ese mismo hilo, escribía:
"Twitter empeora cada día. Se ha degradado hasta el punto de ser inutilizable. El Fediverso es nuestra mejor esperanza para encontrar una alternativa resistente al enmierdamiento. Soy @pluralistic@mamot.fr. Si quieres seguirme en Bluesky, soy @doctorow.pluralistic.net. Este es el último hilo que publicaré en Twitter."
Aún más abajo volvía a decir:
"Si estás leyendo esto en Twitter, este es el largamente prometido aviso de que he terminado aquí. Te veo en el Fediverso, te veo en BlueSky - te veo en un mundo de redes sociales resistentes al enmierdamiento.[1].
Fue divertido, hasta que dejó de serlo."
El señor Doctorow tiene razón en que Twitter —yo nunca lo voy a llamar X—, ha ido volviéndose peor con el tiempo. Para entenderlo explicaremos las fases por las que ha pasado según cuenta el autor en su libro Enshittification:
Ser buenos con los usuarios
Al principio, la plataforma necesita efectos de red. Para atraer a la gente, ofrecen un servicio útil, gratuito y sin fricciones.
En Twitter: Era el lugar donde la información volaba, el feed era cronológico y podías seguir a quien quisieras sin que un algoritmo te impusiera contenido. La plataforma perdía dinero, pero ganaba "valor" (usuarios).
Ser malos con los usuarios para ser buenos con los clientes
Una vez que los usuarios están "atrapados" (porque todos sus amigos y contactos están ahí), la plataforma empieza a usarlos como mercancía para atraer a los clientes reales: los anunciantes.
En Twitter: Empezaron a meter publicidad en el feed y a priorizar tweets de marcas. El usuario ya no ve lo que quiere, sino lo que el anunciante paga para que vea.
Ser malos con los clientes para quedarse con todo el valor
Esta es la fase final. Una vez que los anunciantes dependen de la plataforma para llegar a su audiencia, la plataforma les empieza a exprimir a ellos también, degradando el servicio para todos excepto para sus propios beneficios trimestrales.
En Twitter/X: Aquí entra la era de Elon Musk de forma salvaje. Se rompen las APIs para que nadie pueda usar el servicio fuera de su app, se cobra por la verificación (priorizando a quien paga sobre quien aporta valor) y se reduce la calidad de la moderación. El objetivo es extraer cada céntimo antes de que el "cadáver" de la plataforma colapse.
Enshittification
No se puede negar que su lógica es aplastante. En el fondo todos deberíamos salir huyendo de Twitter y si no lo hacemos es porque estamos atrapados de una forma u otra, ya sea por que tenemos a todos nuestros amigos ahí o porque dependemos de esa plataforma para atraer cierta significancia a lo que hacemos.
Creo que no debemos engañarnos. Yo hace bastante tiempo que apenas interactúo con gente conocida en Twitter. La mayor parte del tiempo lo uso como escaparate para anunciar artículos como este. Algunas veces lo uso como válvula de escape para comunicar algo por lo que estoy a punto de estallar. La mayoría de las veces no obtengo ninguna respuesta. Y ello se debe a que todos usamos Twitter para lo mismo. Intentar atraer algo de atención sobre lo que hacemos.
Esto tiene un efecto similar al de un desagüe. Que casi nadie mira lo que sale. Pero lo seguimos haciendo. Seguimos anunciando nuestro último post porque sentimos que sin eso nadie lo leería, incluso si al final solo lo leen cuatro. Casi siempre esos cuatro se enteran por el anuncio en Twitter.
Algunos "influencers", frustrados por esta realidad de verse obligados a usar una plataforma donde todos vierten y pocos leen, carentes de escrúpulos, abusan torpemente del ruido que son capaces de generar republicando lo mismo diezisiete veces al día. Con esa actitud solo logran molestar a los cuatro que los leen siempre. Que finalmente le dejan de seguir por cansino.
Llegó el momento de estudiar la consabida toxicidad de Twitter. Y es que es algo que siempre se escucha entre las altisonantes soflamas de los contertulios de esos programas de los medios tradicionales que ya casi nadie ve, pero que encuentran su camino hasta las redes sociales en forma de fragmentos que a veces no tienen desperdicio.
Me temo que quienes a menudo se quejan de la toxicidad de Twitter sufren de lo que podemos llamar "complejo de la torre de marfil". Son gente que no admite que un vecino cualquiera les pueda dar una mala contestación ante la última gilipollez que acaban de soltar. Para esta gente el único camino es que la plebe comprenda tácitamente su lugar y se limite a mantener un silencio reverencial o si acaso soltar un "Sí, oh amado lider".
Como espejo de la realidad, Twitter nos devuelve lo que hay en ella, feo o bonito, sin trampa ni cartón. Como tal, no podemos llamarlo tóxico solo porque no nos guste lo que nos muestra.
Y es que para la gente que prefiere dar una rueda de prensa a través de una televisión de plasma, sin preguntas. Aquellos que gustan de una comunicación unidireccional, en la que ellos disponen lo que se ha de decir, y punto; no deberían exponerse en Twitter ni en ninguna red social donde les puedan "saltar por peteneras". Para esa gente, hasta un buenos días con cara de no haber dormido bien puede ser tóxico.
Es normal que si tus argumentos son "yo con un facha no hablo", donde etiquetas a cualquiera solo para no tener que considerar los argumentos de otros, no tengas muy buena voluntad para escuchar a gente que no piensa lo mismo que tú por Twitter. Para este tipo de personas ningún nivel de moderación o de control será suficiente. Están ahí para soltar su rollo y no para escuchar el tuyo.
Lo único que podríamos considerar problemático es el "dogpilling". Por ejemplo cuando los seguidores de alguien se vuelven contra un tercero y se dedican a lanzarle mensajes no solicitados poco amables. Eso es bastante incómodo, aunque uno puede apagar el ordenador o cerrar Twitter en el móvil y dejar que el ataque termine. Y ya a otro día, cuando te sientas con fuerzas, haces limpieza. Lo que está claro es que no se puede culpar a Twitter de tóxico solo por el "dogpilling", dado que eso te lo pueden hacer en cualquier red social.
Desde luego que te asalte en la calle una turba enfurecida y te linche es mucho menos manejable.
Si te preocupa que el algoritmo de Twitter promueva el conflicto, solo tienes que optar por la extensión "Control Panel for Twitter" que viene con la opción de evitar el algoritmo marcada por defecto. Te mostrará tu feed de seguidos de siempre y asunto concluido.
Repasemos ahora las alternativas. Si no te gusta Twitter, por el enmierdamiento o por su supuesta toxicidad, ¿a dónde irás?
Doctorow nos proponía dos alternativas. El Fediverso (Mastodon) y Bluesky.
Mastodón es descentralizado y permite mudarte de servidor sin problemas. Si tienes un montón de seguidos y seguidores, te siguen allá donde te instales. El problema es que cada servidor está gestionado por alguien. A veces puede ser una pequeña organización, a veces un señor de 60 adicto a las vacunas de la gripe anuales. Pasas de depender de una gran tecnológica al control de un pequeño tirano. Y si al dueño no le gustan tus comentarios contra el establishment médico o contra el cambio climático, a las claras, no podrás hablar de eso. Es decir, la libertad de expresión no será nunca completa. No encontrarás fricción para mudarte, el problema será encontrar el hueco donde encajes.
A veces el pequeño tirano del servidor X decide que quiere cerrar tratos con el servidor Y. Si da la casualidad de que tú seguías a alguien de Y y estás en X, ya no te llegarán sus publicaciones. Este detalle, que muchos consideran positivo ya que puede contribuir a evitar determinados "servidores tóxicos" o "servidores de trolls", es en realidad otra forma de censura bastante injusta. Nunca llueve a gusto de todos.
BlueSky adolece de un sistema de moderación demasiado entrometido. Tanto, que a menudo puede parecer que está diseñada para PEG-3. Que un señor de 56 años, como servidor, sienta que está adentrándose en una guardería donde una enfermera se dispone a sentarle en sus rodillas mientras le tararea una canción de cuna… a mí me da cierto repelús.
Si bien es cierto que existen varios proveedores de moderación a tu elección, personalmente no termino de acostumbrarme a la idea de que alguien decida por mi qué debo ver y qué no. Prefiero arriesgarme a verle el culo al vecino por accidente que perderme las tetas de la maciza de al lado.
Y es que esconderse del mundo tras un muro de moderación para no ver lo que algunos considerarían feo, es profundamente infantil. El adulto no se esconde. Lo ve todo y escoge aquello en lo que depositar su atención. A veces basta una mirada de reojo para reconocer la fealdad y evitarla. Y si tienes la mala suerte de pisar una mierda de perro, te limpias y sigues tu camino. No te regodeas en el mal olor y te suicidas para sustraerte del mundo que te ha dejado sufrir semejante experiencia. Así es la vida, amigos.
Por cierto, Doctorow soltó estas perlas el 5 de marzo. Al día siguiente, ya estaba ocupado retuiteando a los palmeros que lloraban su marcha y, acto seguido, fijaba un anuncio de su libro Enshittification. El ciclo de la vida digital: indignación ética como estrategia de lanzamiento. Le deseo lo mejor en su nueva aventura, aunque dudo que nadie le eche de menos en Twitter; era un auténtico martillo pilón de la tabarra (dejé de contar cuando su hilo superó las 55 entregas, mi paciencia tiene un límite que el ego de Cory no conoce). Doctorow, un consejo de amigo: escribe más libros y tuitea menos, que el papel al menos no envía notificaciones.


